IE sería el uso inteligente de las emociones; de forma intencional hacemos que nuestras emociones trabajen para nosotros, utilizándolas con el fin de que nos ayuden a guiar nuestro comportamiento y a pensar de manera que mejoren nuestros resultados. Cuando la persona tiene un conocimiento eficaz sobre su inteligencia emocional puede encauzar, dirigir y aplicar sus emociones, permitiendo así, que las mismas trabajen a favor, y no en contra de la personalidad.
La IE deriva de cuatro elementos esenciales. Cada uno de ellos representa ciertas capacidades que, se integran y dan lugar a la IE. Los cuatro componentes básicos son:
- Capacidad de percibir, valorar y expresar emociones con precisión.
- Capacidad de poder experimentar, o de generar la voluntad, determinados sentimientos, en la medida que faciliten el entendimiento de uno mismo o de otra persona.
- Capacidad de comprender las emociones y el conocimiento que de ellas se derivan.
- Capacidad de regular las emociones para fomentar un crecimiento emocional e intelectual.
Imaginemos lo que sería trabajar en una empresa donde, por ejemplo, todos se comunicarán con comprensión y respeto donde se establecerán objetivos de grupo y se ayudará a los demás a cumplirlos, y donde abundarán el entusiasmo y la confianza. La inteligencia emocional en nuestra organización empieza por nosotros mismos. Al usar nuestras emociones para reforzar nuestro rendimiento y nuestras relaciones laborales tenemos no solo el reto de fomentar, sino de inspirar el desarrollo de la inteligencia emocional entre los empleados de la empresa.
El mensaje es claro: las posibilidades de éxito para el individuo a la empresa son considerables y además, el éxito esta al alcance de nuestra mano.